La práctica pedagógica para la complejidad y constructivismo pedagógico – Verónica Rojas.

La práctica pedagógica para la complejidad y constructivismo pedagógico.

Como seres humanos vivimos en un mundo complejo, no simplemente por el entorno en el cual nos desarrollamos, del cual recibimos de forma constante y continua estímulos, sino la multi-dimensionalidad que se encuentra en nosotros como lo establece Edgar Morín, somos seres biológicos, culturales, sociales, inmersos en un universo de lenguajes, ideas, símbolos y de conciencia.

¿La Educación formal ha reducido ese ser multidimensional que se encuentra en los aprendices?

Ciertamente, la complejidad del mundo no se encuentra en eventos extraordinarios, sino que dentro de nuestra cotidianidad perdemos poco a poco conciencia de la misma. La educación formal no responde a concientizar sobre la multidimensionalidad de los aprendices ni con la finalidad de enfrentar las incertidumbres de la vida, entendiendo al aprendiz como un todo.

Desde la práctica pedagógica, el docente busca el desarrollo holístico de los aprendices, iluminando o acercándolos a la conciencia de su multidimensionalidad, que se entiendan como un todo inacabado que avanzan progresivamente hacia su humanización (López, citado por Beltrán). Además, la práctica pedagógica debe fundamentarse en la construcción del conocimiento desde el pensamiento complejo, como proceso individual de cada uno de los aprendices, que modifica su estructura mental, integrando a los aprendices con la realidad que los rodea, llena de contradicción, desorden, agitación, incluso caos, pero concibiéndolos como elementos que organizan el universo.

La auténtica práctica pedagógica se asume contrapuesta al modelo propuesto por el método científico, como único camino de llegar a la verdad; del mismo modo supone que, no existen verdades sino complejidades. Asimismo, hace frente a la educación reducida a procedimientos programáticos, repetitivos y mecánicos; a la hegemonía de los métodos tradicionales, implicados predominantemente en la racionalización, aquella que, de acuerdo con Morín (1990), envuelve al individuo en la pretensión de encerrar la realidad en un sistema coherente, descartando de inmediato todo aquello que le contradice, y asumiéndolo como una ilusión o apariencia.

En cambio, involucra la racionalidad, y con ella el diálogo, la apertura hacia la incertidumbre y lo desconocido, al asombro y lo nuevo, la perspectiva holística de la realidad. Procura desocupar la mente de conocimientos predecibles y lógicos, e impulsa la capacidad de repensar el pensamiento, de dudar, de comparar, de analizar, de indagar, de comprender, y de aplicar el verdadero conocimiento, aquel que se enfrenta a la complejidad.

Al asumir que el aprendizaje humano es siempre una construcción interior, la auténtica práctica pedagógica debe caracterizarse, de acuerdo a Ochoa (1997), por:

  • Apoyarse en la estructura conceptual de cada alumno, partir de sus ideas y preconceptos.
  • Prever el cambio conceptual que se espera de la construcción activa del nuevo concepto y sus efectos en la estructura mental.
  • Confronta las ideas y preconceptos afines al tema de enseñanza con el nuevo concepto científico que se enseña.
  • Aplicar el nuevo concepto a situaciones concretas con el fin de ampliar su transferencia.

Educar para un mundo complejo debe comprender una visión holística de la realidad, favorecer la construcción de estructuras y esquemas interrelacionados, la construcción del conocimiento mismo y enseñar a enfrentar la complejidad.

Implica la transición hacia nuevos esquemas educativos, que superen el proceso de práctica docente simplificada, dando paso a una auténtica práctica pedagógica desde y para la complejidad.

Verónica Rojas

Comunicadora visual – ÁREA ÍNDIGO S.C

 

Este artículo fue editado por:

Pahola Pino – Copywriter – ÁREA ÍNDIGO S.C

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