CUANDO FORMAMOS PERSONAS, CREAMOS EMPRESAS PRODUCTIVAS.

En la última década, se ha visto como las empresas construyen redes de apoyo para fortalecer y mantener al talento humano que hace vida en la organización, con la finalidad de profesionalizar sus perfiles al momento de asumir nuevos retos y liderazgos.

Hemos superado de forma exitosa el pensamiento colectivo de “Formar para cumplir con lo previsto en las políticas empresariales” y hemos trascendido al concepto de “hacernos responsables del desarrollo de competencias de nuestra gente”.

Cuando la empresa invierte en su gente, está asegurando beneficios a corto y mediano plazo, entendiendo que la inversión en formación, bienestar y oportunidad de crecimiento del talento en la empresa, tiene una correlación directa con la productividad y el éxito de las operaciones cotidianas.

Es necesario preguntarnos frente a esta nueva asunción de inversión en el capital humano (nuestra gente) ¿En qué debemos invertir? Y aunque no lo creamos, la respuesta es sumamente sencilla:

Es necesario preguntarnos frente a esta nueva asunción de inversión en el capital humano (nuestra gente) ¿En qué debemos invertir? y aunque no lo creamos, la respuesta es sumamente sencilla:

El modelo de formación empresarial por competencias, refiere a que el ser humano se conforma en tres dimensiones: el saber, el hacer y el actuar. Por ello, es sumamente importante que al momento de establecer propuestas formativas nos preguntemos:

  • ¿Qué necesita conocer?
  • ¿Qué habilidad necesita desarrollar?
  • ¿Con qué actitud debe enfrentar el día a día y relación consigo mismo y con el otro.

Frente a estas preguntas, surge inmediatamente una duda más: ¿Cómo sé lo que necesita? La respuesta obvia sería: preguntando. Pero la verdad, es que no todos saben lo que necesitan, y por ello debemos entrar en un ejercicio de empatía.

Vincular los distintos retos con las necesidades del perfil, requieren que centremos nuestra mirada en la persona, la relación entre su labor, su trayectoria, sus motivaciones y los retos a los que debe dar respuesta, por ello debemos revisar:

Esto permitirá que nuestra gente entienda, hacia dónde va la empresa y cómo pretende ir.

  1. Esta información permitirá a nuestra gente hacer consciencia del rol que tienen en la cadena de valor y la interdependencia en las unidades.

Esto permitirá que nuestra gente entienda “Cuál es su aporte diario a la gran misión”.

Esto dejará en evidencia cuales son las competencias (saberes, habilidades y actitudes) necesarias que cualquier persona que asuma un rol debe tener o al menos desarrollar para dar respuesta al reto planteado.

Le permitirá a la empresa determinar ¿Dónde hacer mayor énfasis formativo? La inversión inteligente reduce gastos y dolores de cabeza.

Esto permitirá construir, junto a los colaboradores un plan de acción personal y colectivo que eleve las capacidades intelectuales y operativas.

Esta pregunta es en definitiva la más importante, pues permitirá a la empresa mejorar su visión y criterio al momento de la contratación de sus proveedores formativos.

Estas preguntas, inician un proceso de empatía que permite conectar al colaborador, la empresa y el entorno en una misma conversación: ¿Cómo crecer y asumir el reto de manera efectiva? La respuesta, incluso al ser “formación” de lo que venimos conversando puede llevarnos a distintas alternativas:  Think tanks, Bootcamps, Ideas’ labs, X learning, Learn-tertainment, Workshops. 

Las empresas son su gente, diseñar espacios de crecimiento, bienestar y formación desde la empatía, permitirá aumentar los índices de satisfacción, aumentar la productividad y al mismo tiempo, permitirle a la empresa que sus piezas claves sean funcionales en distintos roles, porque si asumen el reto, aportarán valor desde cualquier posición. Por ello, cuando formamos personas, creamos empresas productivas.

Centremos nuestras decisiones en nuestra gente, así, tendremos mejores negocios.

Richard Tovar.               

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