LA EDUCACIÓN DEL FUTURO O ¿LA EDUCACIÓN LÍQUIDA? – Kevin Machado.

LA EDUCACIÓN DEL FUTURO O ¿LA EDUCACIÓN LÍQUIDA?
Un paseo entre la universidad y la formación profesional.
Kevin Machado.

En Venezuela, a la hora de establecer los motivos por los cuales, en los últimos años, se está sufriendo un descenso del índice de estudiantes universitarios, son muchos los informes y estudios que se centran en una causa puntual: la inserción laboral del estudiante a corto plazo. Cuando para cada estudiante llega el momento de elegir sobre qué hará luego de salir del ciclo de educación secundaria del Sistema Educativo, a todos les entra la duda sobre qué les depara el futuro. Para aquellos que se deciden por continuar sus estudios, todavía queda una decisión muy importante: “¿Qué voy a estudiar?”, está decisión suele depender de sus intereses, pero también, suele variar según la situación económica de cada uno, el prestigio que tiene la carrera o la influencia social.

Para aquellos que buscan satisfacer sus necesidades de formación y de inserción laboral a corto plazo, la formación profesional se ha convertido en una alternativa muy atractiva, pues les permite generar ingresos para el sostén de sus hogares. Estos estudios son mucho más cortos, es más económico (que algunas universidades privadas), tiene una buena combinación de teoría y práctica, es un buen comienzo para generar experiencia laboral y luego, quizás, estudiar en la universidad, entre otras cosas.

En el contexto venezolano, para el 2020, las universidades públicas tienen un déficit presupuestario que no da estabilidad a sus estudiantes para acceder a educación de calidad, a sus profesores para tener un sueldo digno, a sus instituciones de investigación para generar conocimiento que apoye financieramente a la institución, etc. Mientras, las universidades privadas, a pesar de los esfuerzos que hacen por promover programas de apoyo financiero a los estudiantes, siguen siendo inaccesibles en costos para la mayoría de la población en edad estudiantil. Estas dos situaciones ligadas al contexto socio-económico del país, hacen que la Formación Profesional se convierta, en definitiva, en la propuesta más prometedora a nivel de accesibilidad.

Sin embargo, este “fenómeno” educativo no es algo que ocurra solamente en Venezuela. El filósofo polaco Zigmunt Bauman, autor del concepto de “modernidad líquida”, que la define como “el tiempo en el que vivimos, caracterizado por la volatilidad, incertidumbre y la inseguridad”, explica que el problema es que la educación está presionada por la política y por los intereses corporativos. Y eso, dice, “se refleja en la mente del estudiante”. 

Este autor critica firmemente el hecho de que los estudiantes elijan un área de estudios con base en la posibilidad de conseguir o no un empleo. Cuando un estudiante desea obtener conocimientos especializados, que son las condiciones para un buen empleo, necesita estudiar cuatro o cinco años, y eso requiere mucho esfuerzo. Pero si nos guiamos con esta tendencia de la sociedad líquida, todo va a cambiar durante ese tiempo de estudio. Y al pasar este tiempo quizás ya no se consiga utilidad a la carrera que decidió estudiar y por la que se dedicó durante tiempo. 

En estás sociedades líquidas que define Bauman, los sujetos están destinados a situaciones tan cambiantes en el tiempo, que su solución más práctica es saber de muchas cosas antes que saber mucho de una sola. Las empresas buscan talentos que puedan asumir múltiples responsabilidades al mismo tiempo. El emprendimiento, las pymes, las pequeñas empresas, exigen de sus empleados distintas habilidades y aptitudes para lidiar con puestos de trabajos en organizaciones con “comportamiento orgánico”, donde la psicología positiva, la flexibilidad laboral y el reconocimiento por los objetivos cumplidos (y no por las horas trabajadas) son los pilares fundamentales, atractivos para cualquier empleado.

Sin embargo, no todo está perdido para la Universidad, de hecho, todo lo contrario. Estamos inmersos en una sociedad que plantea difíciles retos sociales y tecnológicos que trascienden de la necesidad de la política y de los intereses corporativos, como lo mencionaba Bauman, y se necesitan de expertos que lideren las arduas y potenciales investigaciones en cada uno de los problemas que como humanidad debemos enfrentar. Por eso, la Universidad, en su universo de posibilidades, sigue siendo la alternativa más prometedora tanto para el desarrollo de una sociedad, como para el mundo mismo. 

La Universidad da muchas oportunidades a sus estudiantes entre los que destaca, en definitiva, la formación en valores y en pensamiento crítico, el desarrollo de habilidades de autorregulación y metacognición, la experiencia del trabajo colaborativo, entre otras. Además, el estudio universitario te abre puertas a especializaciones en áreas que ningún otro puede realizar, se gana la experticia en temas que pueden revolucionar la historia del mundo. Eso, sin hablar, de que al adquirir conocimientos más estructurados se consiguen puestos de trabajo con mayor nivel de responsabilidad dentro de las organizaciones. 

En un nivel multifactorial social, político, económico, educativo, etc., los estudios universitarios y la formación profesional alternativa son dos caras de una misma moneda que busca darle respuestas a las necesidades contextuales del mundo, generando personal capacitado para asumir las coyunturas que el mismo presenta. No podemos verlas como antagonistas, pues al final, resultan, incluso, complementarias en lo que a su función respecta. 

Por un lado, tenemos que ambas sugieren dos alternativas para la capacitación del individuo en áreas especializadas de conocimiento, y que, aunque con objetivos diferentes, promueven la inserción laboral de talentos calificados. Ambas se pueden complementar para afinar las habilidades de un sujeto, por ejemplo, un Ing. de la Computación, siempre se puede preparar a través de la formación profesional en las nuevas tendencias del diseño web o la programación en un lenguaje específico que ahora es el común en el mundo de la tecnología. Del mismo modo, la educación universitaria sirve para aquellos que sólo han cumplido con la formación profesional, para ampliar su campo de acción en el área de estudio de su interés. 

 

También podemos ver que la formación profesional, muchas veces, sirve como una “alternativa más corta” de una carrera universitaria, por lo que contiene elementos curriculares similares, aunque simplificados, del pensum universitario más afín. Entonces, la construcción de una experiencia de formación profesional viene ligada al propio diseño curricular de una carrera universitaria. Al  mismo tiempo, vemos que quienes diseñan estos programas, son graduados universitarios con experiencia en las áreas afines que correspondan. Y en el caso contrario, en los estudios universitarios, muchas veces se necesita de los técnicos profesionales en áreas específicas que nos facilitan algunas labores, por ejemplo, los técnicos de laboratorio. Cada uno cumple sus funciones apoyando al otro. 

En conclusión, cabe resaltar que los estudios universitarios y la formación profesional no son excluyentes. Son muchos los casos en donde los estudiantes universitarios complementan su carrera con una formación profesional para recibir una especialización más concreta y poder acercarse así al mercado laboral. También se cuenta con un porcentaje de alumnos de formación profesional que una vez finalizado sus estudios se decantan por una titulación universitaria. 

Será necesario de ambos actores para el desarrollo de una sociedad más centrada en los procesos, en el cómo de las cosas, y no simplemente en los resultados, con más visión a futuro, con responsabilidad social y tendencia a construir un mejor mundo para todos. A pesar del acercamiento que cada vez tenemos hacia una sociedad que busca resultados rápidos, con medidas a corto plazo, la Educación debe seguir firme en la tarea de educar para el futuro

Kevin Machado.




Kevin Machado
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